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SANTÍSIMO SACRAMENTO
 
Los antiquísimos origines de nuestra Institución se sitúan precisamente en la época en que está en boga la fundación de cofradías para rendirle culto al Santísimo Sacramento del Altar, siendo de las más antiguas fundadas en la provincia de Sevilla, presumiblemente por Doña Teresa Enríquez "la loca del Sacramento", para los hermanos de la Sacramental de Cantillana, es un verdadero orgullo, rendirle culto a Jesús vivo en los sagradas especies de la Eucaristía.

En la Iglesia católica,la Eucaristía se considera la fuente y culmen de la vida de todo cristiano. De acuerdo al catecismo de la iglesia católica la Eucaristía representa un signo de unidad, vínculo de caridad y banquete Pascual en el que se recibe a Cristo, el alma se llena de gracia y se nos da prenda de la Vida Eterna.

El Sacramento de la Eucaristía fue instituido por Jesús durante su Ultima Cena. Los católicos afirmamos que la Institución de la Eucaristía por Jesucristo, tal como lo relatan los evangelios, se realizó cuando tomando en sus manos el pan, lo partió y se los dio a sus discípulos diciendo: "Tomad y comed, este es mi cuerpo, que será entregado por vosotros. Del mismo modo, tomó el cáliz y se lo dio a sus discípulos diciendo: Tomad y bebed todos de él, porque esta es mi sangre, sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros y por muchos para el perdón de los pecados. Haced esto en conmemoración mía. Mateo 26:26-29; Marcos 14:22-25; Lucas 22:19-20

En cada Eucaristía se hace presente el sacrificio que Cristo hizo en la Cruz de una vez para siempre, se perpetúa su recuerdo a través de los siglos y se aplica su fruto. El sacrificio de la Cruz y el sacrificio de la Eucaristía son un único sacrificio, ya que tanto en uno como en otro, Cristo es el sacerdote que ofrece el sacrificio y la víctima que es ofrecida. Se diferencian sólo en la forma en que se ofrece el sacrificio. En la cruz Cristo lo ofreció en forma cruenta, y por sí mismo, y en la Misa en forma incruenta y por ministerio de los sacerdotes.

En toda forma de culto a este Sacramento hay que tener en cuenta que su intención debe ser una mayor vivencia de la celebración eucarística. Las visitas al Santísimo, las exposiciones y bendiciones han de ser un momento para profundizar en la gracia de la comunión, revisar nuestro compromiso con la vida cristiana; la verificación de cada uno ante la Palabra del Evangelio, el asomarse al silencioso misterio del Dios callado... Esta dimensión individual del tranquilo silencio de la oración, estando ante él en el amor, debe impulsar a contrastar la verdad de la oración, en el encuentro de los hermanos, aprendiendo también a estar ante ellos en la comunicación fraternal.

La exposición y bendición con el Santísimo Sacramento es un acto comunitario en el que debe estar presente la celebración de la Palabra de Dios y el silencio contemplativo. La exposición eucarística ayuda a reconocer en ella la maravillosa presencia de Cristo o invita a la unión más íntima con él, que adquiere su culmen en la comunión Sacramental.

Habiéndose reunido el pueblo y, si parece oportuno, habiéndose iniciado algún cántico, el ministro se acerca al altar. Si el Sacramento no se reserva en el altar de la exposición, el ministro, con el paño de hombros lo trae del lugar de la reserva, acompañado por acólitos o por fieles con velas encendidas.

El copón o la custodia se colocará sobre el altar cubierto con mantel; mas si la exposición se prolonga durante algún tiempo, y se hace con la custodia, se puede usar el manifestador, colocado en un lugar más alto, pero teniendo cuidado de que no quede muy elevado ni distante. Si se hizo la exposición con la custodia, el ministro inciensa al Santísimo; luego se retira, si la adoración va a prolongarse algún tiempo.

Si la exposición es solemne y prolongada, se consagrará la hostia para la exposición, en la Misa que antes se celebre, y se colocará sobre él altar, en la custodia, después de la comunión. La Misa concluirá con la oración después de la comunión, omitiendo los ritos de la conclusión. Antes de retirarse del altar, el sacerdote, si se cree oportuno, colocará la custodia y hará la incensación. Durante el tiempo de la exposición, se dirán oraciones, cantos y lecturas, de tal suerte que los fieles, recogidos en oración, se dediquen exclusivamente a Cristo Señor.

Para alimentar una profunda oración, se deben aprovechar las lecturas de la sagrada Escritura, con la homilía, o breves exhortaciones, que promuevan un mayor aprecio del misterio eucarístico. Es también conveniente que los fieles respondan a la palabra de Dios, cantando. Se necesita que se guarde piadoso silencio en momentos oportunos.

Ante el Santísimo Sacramento expuesto por largo tiempo, se puede celebrar también alguna parte, especialmente las horas más importantes de la Liturgia de las Horas; por medio de esta recitación se prolonga a las distintas horas del día la alabanza y la acción de gracias que se tributan a Dios en la celebración de la Misa, y las súplicas de la Iglesia se dirigen a Cristo y por Cristo al Padre, en nombre de todo el mundo.




Real Archicofradía del Santísimo Sacramento, Fervorosa Hermandad de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Misericordia, Santa María de la Caridad, San Juan Evangelista y Santa Ángela de la Cruz

Cantillana - Sevilla
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