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LA VIRGEN DE AGUAS SANTAS Y LA HERMANDAD SACRAMENTAL
 
Cada año, en la procesión del Corpus Christi, en el segundo cuerpo de la Custodia sale en procesión una pequeña imagen de Santa María de Aguas Santas, que durante el año ocupa un lugar destacado pero a la vez discreto en la capilla del Sagrario. Muchos en Cantillana desconocen el origen y la historia de este trasunto barroco de la Patrona de Villaverde del Rio que antaño fue una de las devociones más importantes de la vega sevillana, la historia de Aguas Santas está muy ligada con nuestro pueblo, no obstante, fueron patronos y benefactores de su convento los Condes de Cantillana y a nuestra Iglesia Parroquial fue trasladada la antiquísima Imagen aparecida -venerada hoy en la Parroquia de Villaverde del Rio- en rogativas en diversas ocasiones, dando muestra del fervor que despertaba en el vecindario cantillanero.

La leyenda sitúa los orígenes de la imagen de Aguas Santas en los tiempos de San Isidoro de Sevilla, siendo venerada en la Ciudad hasta que con la invasión musulmana fue resguardada en Sierra Morena. Siglos después tiene lugar la aparición de la Virgen al pastor Juan Bueno en el lugar donde permaneció oculta junto al arroyo Escardiel, hoy conocido como Siete Arroyos. En el lugar de la aparición y como testimonio del milagroso hallazgo de la Imagen, nace un manantial cuyas aguas se tendrían como milagrosas, edificándose en el sitio una Ermita en la cual venerar la sagrada Imagen aparecida.

Muy pronto la fama de sus milagros se extiende por toda la comarca, se erigen cofradías en su honor en Villaverde, Sevilla o Alcalá del Rio y se traslada en rogativas en numerosas ocasiones a pueblos como Villaverde, Brenes, Alcalá del Rio, Cantillana y sobre todo a la propia Sevilla, donde recibía solemnísimos cultos promovidos por su hermandad, el cabildo municipal y el cabildo de la catedral. La erección del convento de franciscanos sobre la loma de la Ermita, al que se traslada la pequeña imagen, determina el auge definitivo de esta advocación. Hasta el convento se organizan peregrinaciones, los franciscanos propagan el nombre de Aguas Santas por numerosos lugares de España y América, y ante la imagen se hacen enterrar ilustres personajes. El convento atesoraba obras de significativa riqueza como pinturas de Murillo o la preciosa urna del célebre orfebre Francisco de Alfaro en la que se veneraba la imagen. En 1835 con la desamortización de Mendizábal, es clausurado el Convento y la imagen trasladada a la Parroquia de Villaverde.

En 1603, al construirse el convento que durante siglos sería escenario de los momentos más brillantes de la historia de Aguas Santas, fueron fundamentalmente los señores Condes de Cantillana los que corrieron con los gastos de la construcción del edificio. Don Juan Antonio Vicentelo de Lecca, primer Conde de Cantillana firmó las escrituras por las que él y sus sucesores se convertirían en patronos del nuevo convento. A cambio este daría anualmente trescientos ducados, cuarenta fanegas de trigo, cuarenta de cebada y veinte arrobas de aceite. Los frailes se comprometían a decir un considerable números de misas por las intenciones de los Condes, a recibirles en procesión con toda la comunidad en sus visitas al cenobio y a tener reservado el sitio preferente en la capilla mayor, además de poseer derecho de enterramiento en la Capilla Mayor.

Los Condes no hacían con este hecho más que reforzar los vínculos existentes desde antes entre la cabeza del condado y la Virgen de Aguas Santas. Prueba de ello son varios milagros por intercesión de la Virgen a vecinos de Cantillana recogidos en la obra "relación de milagros estupendos que obró la Santa Imagen en su Ermita", hasta un total de once ocurridos durante los siglo XVI, XVII y XVIII, entre ellos destaca uno de 1649 en el que se narra como la Condesa Teresa de Silva, salió a los balcones del Palacio de Cantillana a invocar a la Virgen de Aguas Santas. La devoción que manifestó antaño el pueblo por la Patrona de Villaverde propicio que en repetidas ocasiones de sequias y epidemias se pedía la presencia de la imagen en nuestro pueblo. Se tiene constancia que vino en 1602, y en varias ocasiones sobre 1650 siendo guardián fray Antonio de Lora.



De las venidas de la imagen aparecida a Cantillana, destaca la de 1602 con motivo de una epidemia. Desde el día que entró la Sagrada Imagen nadie murió ni hubo nuevos contagios en el pueblo. Terminada la novena, los cantillaneros agradecidos, se negaron a devolver la Imagen y según el registro de milagros, Ella sola se bajó del trono y se puso sobre el altar, lo que entendieron los fieles como una señal y la devolvieron a su Ermita en solemne procesión.

Se tiene por tradición que este suceso propició la existencia de la imagen de la Virgen de Aguas Santas que se venera en el Sagrario. El actual templo comenzó a edificarse en 1555 cuando todavía Cantillana era señorío de los arzobispos hispalenses, el cambio de propietarios de la Villa a finales de esta centuria paraliza las obras que fueron reanudadas posteriormente siendo los Vicentelo de Leca junto al concejo de la Villa los verdaderos mecenas del actual templo que fue finalizado en 1650 aproximadamente.

Nos podemos hacer una idea del prestigio y la devoción de la Virgen de Aguas Santas en aquel tiempo, al ser dedicada la capilla más importante a esta advocación, la de la cabecera de la nave del Evangelio. No es extraño, si tenemos en cuenta que los propios Condes, mecenas del gran templo, eran patronos de su convento franciscano. En la mencionada capilla se colocó un suntuoso retablo presidido por la imagen barroca, al que después se trasladó el Santísimo Sacramento, entonces la Hermandad Sacramental asumió el culto de la Virgen de Aguas Santas. No es nada extraño que una institución de carácter sacramental asuma como propio el culto mariano asociado a alguna advocación mariana, valga de ejemplo la sevillana Sacramental de San Isidoro con la Virgen de las Nieves o la del Salvador con la Virgen de las Aguas, a veces sin que necesariamente fuese titular de la corporación, Desde el siglo XVII a raíz de la defensa del dogma concepcionista que surge desde Sevilla, la mayoría de hermandades Sacramentales tributan culto a la Inmaculada Concepción mandando incluso labrar efigies de la Virgen o la ejecución de Simpecados.



Es curioso como en Cantillana se vincula la devoción de Aguas Santas con el culto Eucarístico, teniendo en cuenta que la imagen original al ser considerada una imagen aparecida recibía un privilegiado culto similar al del Santísimo Sacramento: venerada oculta tras siete velos que se descorrían en determinadas festividades, portada por sacerdotes, llevada bajo palio en las procesiones y luego en custodia de torre, como aun sale en procesión en nuestro pueblo vecino.

En 1728 fallece en Arequipa (Peru), D. Juan García de la Barrera, un cantillanero que hizo las Americas en busca de fortuna, terminó viviendo en aquella ciudad peruana donde amasó un gran caudal que dispuso traer a Cantillana tras su muerte según su testamento. El expediente conservado en el Archivo General del Arzobispado de Sevilla se titula: Diligencia y copia de la fundación de Nuestra Señora de Agua Santa sita en la Yglesia Parroquial de la Villa de Cantillana, fechado en 1775. El emigrante cantillanero crea una fundación amparada bajo la Cofradía del Santísimo Sacramento y desea que se dispongan 4.000 pesos para dicha Virgen de Aguas Santas. Entonces el mayordomo de la Sacramental, José Martínez de Cozar, declara acerca de la relación de su corporación con esta imagen exponiendo que a esta capilla se agregó la Cofradía Sacramental por licencia del Ilmo. Obispo el 25 de junio de 1765, para lo que se construyó un suntuoso Sagrario adjunto al retablo, quedando la hermandad al cuidado de la Capilla.

Con el legado de don Juan García de la Barrera, la hermandad Sacramental doró el retablo, realizó un velo para la Virgen, una lámpara de plata para alumbrarla, que igualara la que poseía la Sacramental, dos cortinas de damasco para las ventanas y dos ángeles lampareros de talla dorados y estofados, entre otros elementos para la fastuosidad de dicha capilla y el culto de la Virgen.



Estos datos evidencian que la Cofradía del Santísimo Sacramento rendía culto a la Virgen bajo esta advocación a través de la fundación creada a expensas de don Juan García de la Barrera, aunque en ningún momento fuese titular de la misma. Se conoce que a la Virgen de Aguas Santas se le dedicaba funciones los primeros sábados de mes. En un calendario mariano de 1882 encontramos que el 19 de mayo, la Parroquia de Cantillana celebra su fiesta de Nuestra Señora de Aguas-Santas. No dejó de recibir culto esta imagen en el siglo XX, pues hasta los años de 1950 se le dedicaba mensualmente una sabatina a expensas de Dña. Amparo Sarmiento Espinosa, devota de la Virgen e hija de D. Rafael Sarmiento Sarmiento, natural de Villaverde del Rio.

Esta imagen, es la más interesante reproducción del icono gótico de Villaverde, más que reproducción es una interpretación barroca de tamaño algo superior, además se trata de la imagen más antigua de la Virgen de Aguas Santas tras la original, por lo que su valor histórico en el contexto de esta advocación mariana es destacable. Sigue exactamente la misma iconografía que la original, se representa a la Virgen como trono de Dios, sentada sobre un sitial dorado. Sobre su rodilla izquierda sostiene al Niño Jesús con túnica dorada y siguiendo el modelo del Pantocrátor bizantino, es decir bendiciendo con su diestra y con la izquierda sujeta el libro de la sabiduría. La Virgen tiene su mano derecha en ademan de sostener un cetro o algún fruto, posiblemente una granada, alusiva a la maternidad, tal como tenía la imagen original en un primer momento, antes de que se le hiciese la actual mano sosteniendo el cetro.

La Virgen viste túnica de color jacinto con bellos estofados en oro, al igual que el manto o capa que cae desde sus hombros y desciende elegantemente sobre su pierna derecha siendo este de color azul. Cubre su cabeza un velo o toca hasta los hombros en color beige. En madera tallada, mide 27 centímetros y durante la guerra civil intentaron destruirla, hallándose con algunas mutilaciones que permitió su reconstrucción y reposición al culto en el mismo sitio que históricamente ocupó. A diferencia del icono que toma como modelo, tiene como pedestal una peña, alusiva al episodio del hallazgo de la imagen; tras la recomposición de la Imagen, tal vez desconociendo su origen, el autor de la misma, la pinto en tonos azules recordando más bien una nube. En 1999 fue restaurada por Juan Luís Molina López y Mª Eugenia Corchete.

La imagen tiene aditamentos en orfebrería, corona y ráfagas en forma de ocho, en plata en estilo barroco, y en el Altar del Sagrario se sitúa sobre una peana de pequeño tamaño en madera dorada. Está imagen guarda conexión con algunos grabados que se conservan de la imagen original donde los autores de los mismos interpretan los grafismos goticistas de la misma al modo barroco imperante en el momento dándole un aspecto más naturalista, pudiese ser que el escultor encargado de tallarla, utilizase uno de estos grabados como referencia. El más cercano a la época de ejecución de la Imagen data de 1673, siendo costeado por la cofradía de Sevilla.

Directamente ligado con esta pequeña escultura, estaba el antiguo retablo del Sagrario, el mismo tenía como epicentro la Eucaristía y la Virgen de Aguas Santas, además contenía un altorrelieve con la historia de esta advocación: la aparición al pastor Juan Bueno y el nacimiento de la fuente milagrosa. En el inventario de 1896 por el párroco D. Francisco Rodríguez Salcedo aparece la siguiente descripción del mismo: "Está formado por un buen retablo tallado y dorado antiguo; en la parte inferior está el Sagrario con puerta de metal y de relieve figura la custodia; a los lados dos urnas con las Imágenes del Niño Jesús y Santa Filomena, de vestir, con corona de metal blanco y las urnas son de cristal (.); un poco más alto en el centro está la Santísima Trinidad en imágenes y paloma pequeña, a la izquierda San Joaquín de talla y a la derecha Santa Ana, tamaño natural; un poco más alto hay una Imagen pequeña de la Virgen de Aguas Santas y en la parte superior varios ángeles (.)".

Otra descripción del mismo es la realizada por el profesor José Hernández Díaz en su libro "Edificios religiosos destruidos por los marxistas en la provincia de Sevilla", de 1936, que dice: "Ocupaba el testero colateral, el retablo del Sagrario, tallado en pleno siglo XVIII. El centro estaba ocupado por las imágenes de la Virgen de Aguas Santas y Santa Bárbara, de la citada época. En el cuerpo superior figuraba un altorrelieve que historiaba una aparición de la referida Virgen de Aguas Santas. A los lados se hallaban las esculturas de San Joaquín y Santa Ana, y varias figuras angélicas".



Un retablo con una iconografía claramente mariana, la Virgen -de Aguas Santas- en el centro y los padres de la Virgen a los lados, a este se incorporó en el centro el suntuoso tabernáculo para el Santísimo Sacramento sobre el que se colocó un grupo escultórico de la Santísima Trinidad, obra de Gabriel de Astorga sobre 1850. Sobre este conjunto se situaba la hornacina con la imagen de Aguas Santas que permanecía oculta y solo se descubría en ocasiones especiales (los primeros sábados de cada mes se le dedicaba función) como lo hacía la Imagen original, permaneciendo oculta detrás de un velo o cortinillas, como evidencia el mencionado legado de D. Juan de la Barrera donde dice que se haga un velo para el "trono de la Virgen". Desconocemos en que momento dejó de efectuarse este ceremonial de la ocultación de la imagen.

En el cuerpo superior estaba el mencionado relieve con la aparición de la Virgen de Aguas Santas al pastor Juan Bueno que apacentaba sus ovejas mientras nace la fuente milagrosa. Esta representación iconográfica de la aparición la comparte con las devociones marianas de más enjundia, como es el caso de Nuestra Señora de la Cabeza de Andújar, el tema iconográfico de su aparición se repite hasta la saciedad y así en menor escala ocurre también en el caso de Aguas Santas.



Destruido todo en 1936, quienes lo conocieron recuerdan la suntuosidad y grandiosidad del retablo, del que desgraciadamente no se conserva ningún documento fotográfico. Ángeles lampareros, candelabros de plata y suntuosos paños de altar completaban el servicio de la Capilla del Sagrario. Tras la destrucción de la práctica totalidad de ello, se trasladó a Cantillana con las debidas licencias el actual retablo, que procedente de la Iglesia del Divino Salvador de Carmona, se compone de dos partes; la central de estilo renacentista es de Jerónimo Hernández y aloja desde 1991 la bellísima Inmaculada, procedente también de Carmona, y que constituye una de las imágenes más valiosas del templo. En este retablo, y sobre el tabernáculo, se situó como le corresponde, la Imagen de Aguas Santas, manteniendo viva, como siglos atrás, esta conexión con el Santísimo Sacramento.

En el segundo cuerpo de la custodia procesional, es costumbre antigua situar este simulacro de la Madre de Dios durante la procesión del Corpus Christi, saliendo en procesión de esta forma por las calles de Cantillana junto a Jesús Sacramentado, tal como sigue haciéndolo en la actualidad, dándose la curiosa circunstancia de que lo hace en una custodia de torre, tal como hace la Imagen original en Villaverde. Así se mantiene viva esta relación de la Virgen con la advocación de Aguas Santas, tan importante en la comarca cantillanera con la Archicofradía del Santísimo Sacramento, la que se encargó de rendirle culto durante siglos en la capilla del Sagrario.



José Manuel Barranca Daza



Bibliografía

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Antonio López Hernández, El legado peruano de la Virgen de Aguas Santas cantillanera. Dives in Misericordia nº 8, 2013.

Manuel Morales Morales, Vínculos de la Virgen de Aguas Santas con Brenes y Cantillana. Anuario de la asociación provincias sevillana de cronistas e investigadores locales nº 3. Sevilla 2009.

Nuestra Señora de Aguas Santas Coronada; boletín de la hermandad de Aguas Santas de Villaverde del Río, 2008.


Real Archicofradía del Santísimo Sacramento, Fervorosa Hermandad de Nazarenos del Santísimo Cristo de la Misericordia, Santa María de la Caridad, San Juan Evangelista y Santa Ángela de la Cruz

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